América no es un país: es una identidad compartida

América no es un país: es una identidad compartida

Cuando hablamos de espectáculos (grandes producciones) siempre hay una agenda, sin importar el tema. 

Los espectáculos son para entretener, pero también para enviar un mensaje claro y directo, ya sea para vender o para comunicar un asunto social o político.

En ciertos escenarios, los más visibles y más calculados, nada es casualidad: cada gesto, cada canción, cada detalle es también una declaración, todo lleva una declaración.

Lo que más de 120 millones de espectadores vimos en el medio tiempo del Super Bowl 2026 no fue únicamente música, fue un mensaje estratégico y cuidadosamente construido sobre identidad, historia, pertenencia, poder cultural y orgullo. 

Porque “América” no es solo una palabra. Es un territorio, una historia y una disputa simbólica.

Durante décadas, Estados Unidos ha proyectado al mundo una idea reducida de lo que significa “ser americano”, como si el continente terminara en sus fronteras. Sin embargo, la realidad es otra: la nación estadounidense está profundamente sostenida por la presencia latina: en el trabajo, en los servicios, en los pequeños negocios, en la cultura cotidiana. 

La economía estadounidense también se sostiene sobre vendedores informales, puestos de comida, salones de belleza y pequeños negocios. Sobre quienes hacen el trabajo que muchos prefieren no hacer: agricultura, construcción, limpieza. 

La historia de Estados Unidos ha querido silenciar la apropiación de tierras, pero se ha olvidado de que esas tierras tienen nombres en español y la identidad cultural se hereda, no se destruye.

En la América moderna también se cocina, se construye, se limpia, se cuida y se sueña en español.

Y tal vez por eso el mensaje resultó ser más potente del esperado: no era una celebración superficial, sino una afirmación. Una forma de decir: esto también nos pertenece.

Los abuelos jugando al dominó, una boda latina, la casita de la abuela, esos detalles que parecen pequeños, cargan un peso político. 

Uno de los primeros latinos masculinos convertidos en ícono aceptable para el mainstream estadounidense, Ricky Martin, cantó una letra tan poderosa que obliga a recordar, para que la historia no se repita. Porque en un país donde históricamente se han anexado territorios, desplazado culturas y buscado homogeneizar identidades, la visibilidad latina no es solo representación: es resistencia.

Ricky Martin

La presencia de una de las artistas estadounidenses más influyentes de este siglo, Lady Gaga, cantando y bailando salsa, fue un mensaje directo sobre el respeto a la diversidad cultural. 

Lady Gaga

En tiempos donde la discriminación intenta disfrazarse de normalidad, estos momentos abren grietas. Nos recuerdan que la historia no se borra, y que la cultura que se intentó silenciar sigue cantando, a veces incluso desde el escenario más mainstream del mundo.

Todos los latinos hemos sido ese niño durmiendo entre las sillas en medio de la fiesta: el que se queda dormido mientras la música sigue, mientras la vida sigue. Porque nuestra infancia no se construye en silencio, sino en comunidad, en ruido, en familia. Ese sueño pequeño en medio de la bulla es una postal íntima de lo que somos: cansados a veces, sí, pero siempre presentes, siempre dentro.

El equipo del Conejo Malo, Benito (bautizado ahora como “Good Bunny” en un guiño viral), cuidó cada detalle: las pantallas con un mensaje tácito —que el amor es más poderoso que el odio— y el símbolo más preciado del Super Bowl, el balón con “Todos somos América”.

Cortesía: Apple Music

El equipo del Conejo Malo, Benito (bautizado ahora como “Good Bunny” en un guiño viral), cuidó cada detalle: las pantallas con un mensaje tácito —que el amor es más poderoso que el odio— y el símbolo más preciado del Super Bowl, el balón con “Todos somos América”.

Y cuando la cultura aparece con orgullo, no pide permiso: ocupa el espacio que siempre fue suyo.

No es un mensaje de moda. Es un recordatorio: sin lo latino, esa narrativa se cae.

Llamar “America” solo a Estados Unidos ha sido una costumbre cultural que borra al resto del continente. Por eso, al mostrar todas las banderas, Benito hace algo simple pero radical: le pone lentes al que no puede ver.

Porque al final, el continente entero estaba ahí… como el niño dormido entre las sillas en plena fiesta: presente, real, inevitable.

Presentación de Bad Bunny en el Half Time del Super Bowl 2026

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